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17.05.2012   |   sin respuesta

SECADO

Tras la cosecha, el cannabis ha de secarse antes de poder ser consumido. El secado convierte la forma en crudo de los cannabinoides, ácida y no psicoactiva, en su forma neutra y psicoactiva. En otras palabras, el cannabis fresco no posee el efecto esperado. El secado también convierte el 75% o más de la planta recién cosechada en vapor de agua y otros gases. Además, inicia la conversión de los carbohidratos en azúcares simples, y transforma la clorofila y otros pigmentos.

Una prueba sencilla consiste en pesar una cantidad determinada de cogollo floral fresco durante la cosecha, y pesarlo durante el proceso de secado. Un cogollo seco de cannabis pesa un 75% menos que cuando fue cosechado. Si el cogollo pesa 10 gramos al cosechar, debería pesar 2,5 gramos una vez seco y curado. El proceso entero debería llevar 14 días como mínimo.  

Cuando cortas una planta o parte de ella y la cuelgas para que se seque, el transporte de fluidos continúa en el interior de la planta, pero a un ritmo más lento. Los estomas se cierran poco después de la cosecha, y el secado se ralentiza al escapar poco vapor de agua. Los procesos naturales van terminando lentamente a medida que la planta se seca. Las células externas son las primeras en secarse, pero el fluido sigue moviéndose desde las células internas para proporcionar humedad a las células externas que ya están secas. Cuando el proceso de secado y curado tiene lugar adecuadamente, las plantas se secan por completo de manera uniforme. Quitar hojas y tallos grandes al cosechar acelera el secado; sin embargo, el contenido de humedad en el interior de los cogollos florales, las hojas y los tallos una vez “secos” puede ser irregular. Si los cogollos se secan demasiado deprisa, la clorofila y otros pigmentos, el almidón y los nitratos (sales fertilizantes), etc., quedan atrapados en el tejido vegetal, haciendo que el cogollo sepa “a verde”, combustione de forma irregular y tenga mal sabor en general.  

Cuando el secado se produce de manera relativamente lenta, a lo largo de 5-7 días o más, la humedad se evapora de manera gradual en el aire, produciendo cogollos florales con un secado uniforme y una mínima descomposición de cannabinoides. Las flores que se secan despacio retienen más terpenos y cannabinoides, por lo que aportan todos los beneficios medicinales a los usuarios médicos. Un secado lento y homogéneo -en el que el contenido de humedad es el mismo en tallos, follaje y cogollos- deja que los pigmentos tengan tiempo de degradarse. Tras dos semanas más o menos de secado lento, toda la clorofila ha desaparecido de los cogollos “secos”. Colgar las plantas enteras para que se sequen, aunque resulte más laborioso, permite que este proceso tenga lugar más despacio.  

Los extractores y los circuladores de aire ayudan a controlar el calor y la humedad y lo mantienen en niveles adecuados. También puedes usar un deshumidificador para controlar la humedad. Un aparato de aire acondicionado es ideal para “ajustar” la temperatura y la humedad en climas cálidos, pero su funcionamiento resulta caro desde el punto de vista ambiental. Los espacios grandes de secado pueden precisar calefacción para elevar la temperatura y reducir la humedad. No apuntes los ventiladores hacia las plantas directamente; esto provoca que se sequen de manera irregular.

La temperatura ideal del aire para un secado lento está entre 15,5 y 21 ºC, y la humedad entre 45 y 55%. Las temperaturas inferiores a 15,5 ºC ralentizan el secado, y la humedad suele subir rápidamente. Una humedad superior al 80% alarga el tiempo de secado y hace que la amenaza de moho sea inminente. 

Las temperaturas superiores a 24 ºC pueden hacer que los cogollos se sequen demasiado rápido, y la humedad también puede caer más fácilmente por debajo del 50% ideal. Las temperaturas por encima de 29 ºC provocan que los cogollos se sequen tan deprisa que su consumo llega a ser desagradable. Una humedad relativa por debajo del 30-40% hace que los cogollos se sequen demasiado rápido y retengan la clorofila, dándoles sabor “a verde”. Los cogollos que se secan deprisa se ponen crujientes y quebradizos. La humedad baja, también provoca que los cogollos pierdan olor y sabor. Si la humedad es del 30-40%, haz que el movimiento de aire sea mínimo para ralentizar el secado. Utiliza siempre un termohigrómetro preciso con máximas y mínimas para asegurarte de que mantienes la humedad y la temperatura en su rango ideal.

Colgar las plantas es una forma de ahorrarse trabajo para facilitar un secado lento y uniforme. Los tallos grandes y llenos de humedad también pueden quitarse, y colgar ramas pequeñas para reducir el tiempo de secado en unos pocos días. Utiliza pinzas de tender ropa para sujetar las ramas a las líneas de secado, o pasa un clip de papel a través de la base de las ramas y cuelga el clip del cordel de secado. Otra opción consiste en recortar las ramas de manera que formen un gancho y colgarlas de ahí. 

Puedes usar el espacio de cultivo como cuarto de secado si no se están cultivando plantas. No seques plantas en el mismo espacio que crecen otras plantas. Se necesitan distintas condiciones climáticas para cultivar y secar el cannabis. Además, los hongos y los ácaros pueden emigrar a los ejemplares vivos desde las plantas cortadas. Inspecciona diariamente los cogollos que están secándose en busca de cualquier síntoma de enfermedades, insectos y ácaros.

Secado de cosechas pequeñas

Las cosechas pequeñas pueden secarse fácilmente en un armario, mueble o caja de cartón que equivalga a una fracción del área de cultivo. Una caja de cartón o de madera sirve de manera excelente como secadero para colgar cosechas reducidas. El flujo de aire disminuye en el espacio cerrado, y los cogollos y las hojas han de removerse diariamente para regular el contenido de humedad y evitar que aparezca moho. Enhebra una aguja grande con hilo dental y pasa el hilo de un lado a otro de la caja cerca de la parte superior para tender líneas de secado. Si la caja es lo bastante alta, puedes instalar varios niveles de líneas de secado. Cierra las solapas de la caja y colócala en un  armario o un espacio sin uso. Abre las solapas para permitir la circulación de aire cuando sea necesario. También puedes hacer agujeros cerca de la base y del borde de la caja para que haya intercambio y circulación de aire. Comprueba a diario el secado de los cogollos. Si las puntas empiezan a secarse demasiado deprisa, abre la tapa de la caja y trasládala a un lugar más fresco.  

Puedes utilizar un tendedero plegable portátil a modo de secadero móvil. Ábrelo, cuelga los cogollos de las líneas, y cúbrelo con tela o sábana grande de color negro. La tela permite el intercambio de aire y preserva la oscuridad. Pon un ventilador fuera de la tela de modo que el aire circule por debajo para ayudar a que los cogollos se sequen.    

Los cogollos manicurados también pueden ponerse en cajas para secarlos. Mueve los cogollos todos los días para que estén expuestas al aire las distintas superficies. Los cogollos se secan más despacio porque el flujo de aire es reducido. Forra las cajas con cartón o papel de aluminio para contener las glándulas de resina que caen al fondo y poder recogerlas. O sella las grietas con cinta adhesiva para lograr este mismo fin.

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