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Todos podemos ayudar

04-05-2016 - De cómo un suegro que le dolía caminar, AHORA anda en bici

Un cultivador novato también puede ayudar a quien lo pueda necesitar. Esta es la historia de Germán Castiglia, cultivador de Bahía Blanca, en Argentina, que destinó los cogollos desde su primer cosecha al alivio de los otros.

Nunca pensé que iba a recurrir a la marihuana medicinal para ayudar a otros a combatir enfermedades, tampoco pensé que iba a crear mi propio aceite medicinal y ver su resultado.
Mi primer cultivo fue en mi jardín en agosto del 2013, en ese entonces dos hembras —Moby Dick y Arabella— sobrevivieron a las condiciones climáticas de la ciudad: vientos muy fuertes y temperaturas de 34 a 38 grados en verano.

Durante el crecimiento vegetativo le aporté nutrientes a la tierra con algas espirulinas en el riego una vez cada dos semanas, para una rápida absorción. Si notaba alguna deficiencia de potasio o fósforo aplicaba una dosis cada dos semanas de guano de murciélago.
Cuando la planta tomó una altura relevante la fui guiando hacia un costado atándola a un tutor, a un metro de distancia, obteniendo más ramas principales para una mayor producción final y evitar que crezca demasiado alto.

Para protegerlas del viento até las ramas más vulnerables y grandes. Para combatir las plagas usé jabón potásico y aceite de neem. Además, el espacio dedicado al cannabis está rodeado de plantas aromáticas como albahaca y menta, disminuyendo así un poco el número de insectos.
Los primeros días de enero del 2014 conseguí un calendario lunar con consejos para potenciar el cultivo con la influencia de la luna que me permitió aprender muchas cosas con respecto al movimiento de la Tierra, las fases lunares, cuándo trabajar con la planta, cuándo absorbe mayor cantidad de nutrientes y más rápido. Allí anote cuando aplicaba los abonos y cuando llovía. En el mes de febrero comenzó la etapa de floración, continué abonando con guano de murciélago y le añadí jarabe de melaza para aumentar la cantidad de resina, el sabor y el tamaño de los cogollos. Después de cada lluvia sacudí las ramas para evitar la acumulación de humedad y formación de hongos, también evitaba que se quebrara alguna rama por el peso del agua después de las lluvias.

Una semana antes de empezar a cosechar realicé una poda general de las hojas más grandes, así los cogollos recibían la mayor cantidad de luz solar.

El 25 de abril fue el día que comencé a cosechar las primeras ramas de la Moby Dick que ya estaban en su punto, con unos cogollos más grandes que mi mano. El 16 de mayo terminamos por completo con el cultivo. Durante todo el cultivo las plantas estuvieron custodiadas por mis dos perros, Gualicho y Bianca. Y mis amigos obviamente me dieron una mano con la manicura. En el manicurado traté de dejar solo las hojas más pequeñas que rodean a la flor, y el secado lo hice en un cuartito de mi casa donde tapé las ventanas (abiertas un poco para ventilar) con una media sombra, así estaba lo más oscuro posible. Al fin tenía mi primer cosecha secando.

Para enfrascar la producción me guié quebrando las ramas que colgaban, si hacían ruido quería decir que ya estaban listas para el curado en frasco de vidrio. Lo que tardó entre 10 y 14 días.
En estos meses le detectaron al padre de Mayra, mi novia, esclerosis múltiple. Entonces comencé a interiorizarme un poco más en el tema y de cómo el cannabis podría ser beneficioso para el mejoramiento de la persona.

Al mismo tiempo, en mi growshop amigo me informaron que se iba a llevar a cabo un curso de extracción con alcohol. Asistí en el mes de junio aportando una parte de la cosecha por la causa. Finalizada la jornada se obtuvieron siete jeringas con extracto medicinal, de las cuales una fue destinada para el caso del padre de mi novia.
Pasaban los días y no nos animábamos a encararlo para plantearle el tratamiento con cannabis ya que no sabíamos cómo podía reaccionar él y el resto de su familia, siendo personas que están desinformadas sobre las propiedades curativas que posee la marimba.

A las tres semanas devolví la jeringa para que otra persona pudiera aprovecharla.
Pasaron los meses, la situación empeoró demasiado, a tal punto que en el mes de febrero Mayra tomó coraje y le comentó sobre el extracto. Sorprendentemente aceptó comenzar con el tratamiento.
La segunda semana de febrero, ya con un segundo cultivo en marcha, realizamos otra extracción con René, un amigo experimentado, de la misma forma que en el curso, con las flores que me quedaban.
Obtuvimos una buena cantidad de extracto, que diluí con aceite de oliva en goteros de 30ml, colocando 1ml de extracto por 10ml de aceite de oliva.

Comenzó el tratamiento con tres gotas al día, una a la mañana, al medio día y otra a la noche. Ya el primer día se mostró un gran cambio en el humor y en el apetito. A los cinco días estaba andando en bicicleta. Pensar que una semana atrás se arrastraba porque no podía caminar. Me sentí realizado.
La felicidad de haber cambiado una vida aunque sea algo, con tan poco, es inexplicable. Con el tiempo le comenté a mis amigos como marchaba todo y uno de ellos se acercó contándome que su padre no podía descansar bien, que tenía muchos dolores musculares debido a su trabajo y que estaba interesado en tomar las gotas. Sin pensarlo le alcancé un gotero y comenzó a tomarlas. Hoy en día descansa como nunca y ya no toma pastillas ni otros medicamentos.

Al darme cuenta que no podía dejar a la gente sin su medicina, con mi segunda cosecha hice mi primer extracto solo, en mi casa.

Comencé la jornada picando un poco la materia verde, que previamente pasó unas horas en el freezer para que la absorción del alcohol fuera mayor. El picadillo lo coloqué en un bowl, cubrí todo el cannabis con alcohol etílico durante tres minutos revolviendo con una cuchara de madera. Luego lo filtré y repetí el procedimiento una vez más. Junté ambos líquidos y empecé con el proceso de evaporación del alcohol a baño maría, demoró entre 10 y 11 horas, ya que era una gran cantidad de alcohol. Todo el proceso fue controlado para que no se excedan las temperaturas ni dañen a los cannabinoides.
Realicé todo el proceso al lado de una ventana y ventilando continuamente con tres ventiladores.
Como resultado obtuve una preparación espesa, oscura, con un sabor intenso, bien potente y concentrada. La variedad que utilicé fue una Jack 47. Con la misma variedad también hice cremas a base de aceite de oliva (macerando la marihuana un mes) y cera de abeja, que abuela y madre de un amigo usan para los dolores articulares.

Hoy soy consciente de lo que puedo hacer y que no puedo dejar sin ésta medicación a la gente que lo necesita por lo tanto siempre destino una gran parte de mi cosecha para hacer extractos y cremas. Y poder así ayudar a los que en realidad lo necesitan, eso es lo que me llena el alma.

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