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Basta de guerra contra las drogas!

22-05-2016 - Movimientos sociales globales de cara a UNGASS 2016

La guerra contra las drogas toma la escena global en abril, cuando todos los países del mundo se reunirán a debatir las nuevas políticas de drogas para el mundo entero. Aunque los cambios nunca son fáciles miles de ciudadanos y organizaciones sociales se movilizan en buena parte del mundo para que la ONU y sus líderes den respuestas basadas en evidencia científica y enmarcadas en políticas de salud, respeto a los derechos humanos y compasión.

En abril de este año el mundo se reunirá a hablar sobre las drogas. Las Naciones Unidas albergarán la Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General (UNGASS) que representa el evento internacional de políticas de drogas más importante en casi dos décadas.

En la última UNGASS de 1998 la comunidad internacional se reunió bajo la consigna de “Un mundo libre de drogas. ¡Sí podemos!“. El objetivo era poco realista. Afortunadamente hemos avanzado bastante desde entonces. Ahora, cuando se reúnan los líderes mundiales en la ONU para discutir el tema de las drogas nuevamente, la farsa de un mundo libre de drogas estará muy lejos.

Influyentes voces alrededor del mundo están haciendo un llamado para implementar nuevas estrategias con respecto a las políticas de drogas, países y ciudades están experimentando con reformas innovadoras y un movimiento global ha emergido demandando que se les de fin a las políticas prohibicionistas del pasado.

Del 18 al 21 de abril, personas de todas partes del mundo estarán reunidas en Nueva York para exigir un cambio. Las Naciones Unidas moldean las políticas de drogas internacionales. Las políticas de drogas nacionales deben adherirse a tres tratados de la ONU sobre drogas que prohíben la producción y suministro de ciertas drogas y criminalizan a quienes las usan. De estos tratados, el más importante es la Convención Única sobre Estupefacientes ratificada en 1961, hace más de medio siglo. Estos tratados presentan un marco anticuado de otros tiempos. Hay amplia evidencia para demostrar el fracaso rotundo que presenta la prohibición de las drogas, al igual que sus costos humanos asociados. Estos incluyen encarcelamiento en masa por delitos de drogas en Estados Unidos, cientos de miles muertos por la violencia de la guerra contra las drogas en América Latina, acceso insuficiente a tratamiento y servicios de reducción de daños alrededor del mundo, ecosistemas y vidas destruidas a través de erradicaciones de cosechas forzadas y miles de personas ejecutadas por contravenir las leyes de drogas, sin mencionar que ni el uso, ni el suministro de drogas ha disminuido.

En la UNGASS de 1998, en lugar de aprovechar la oportunidad para evaluar el régimen internacional de control de drogas los países decidieron perpetuar políticas fallidas del pasado. Sin embargo, la situación ha cambiado desde entonces. Ahora hay un consenso creciente, incluso dentro de las Naciones Unidas, que estas políticas no funcionan.

Además, tenemos un movimiento muy fuerte de individuos y grupos afectados por la guerra contra las drogas que irá a Nueva York en abril para apelar ante la ONU y utilizar esta oportunidad histórica de la UNGASS para trazar un camino diferente para las políticas de drogas internacionales.

Estos grupos se congregarán bajo un movimiento diverso y poderoso de organizaciones alrededor del mundo llamado Stop the Harm que tienen un objetivo en común: rectificar los fracasos catastróficos del actual régimen global de políticas de drogas a través de una campaña definiendo una nueva estrategia basada en salud, compasión y derechos humanos.

Líderes espirituales también participarán en la conferencia Samuel DeWitt Proctor el 15 de febrero en Houston, Texas, donde cientos de líderes de fe afroestadounidenses debatirán sobre la UNGASS y establecerán conexiones con reformadores de políticas de drogas alrededor del mundo, uniéndose bajo la coalición Stop the Harm para demandar políticas de drogas internacionales más justas y compasivas. También estarán desarrollando una declaración interreligiosa sobre reforma de políticas de drogas con eventos de fe y política de alto calibre en Nueva York y Washington DC, utilizando fiestas y prácticas religiosas importantes para resaltar los retos que han enfrentado aquellos afectados por la guerra contra las drogas.

En un esfuerzo para visibilizar la devastación producida por la guerra contra las drogas y para generar un debate que demande cambios se creó la Caravana por la Paz, la Vida y la Justicia. Que estará conformada por familiares de aquellos que han muerto o desaparecido a causa de la violencia de la guerra contra las drogas en América Latina al igual que indígenas, líderes religiosos, defensores de derechos humanos, expertos políticos, trabajadores de salud, movimientos estudiantiles, agricultores y ciudadanos informados trabajando juntos para ponerle fin a esta guerra.

La Caravana empezará en Honduras el 28 de marzo y viajará a través de El Salvador, Guatemala, México y Texas antes de volar a Washington y continuar hacia Nueva York, llegando el 18 de abril para un día de protesta, reflexión y oración en la tarde de la UNGASS.

Dedicado a amplificar las voces de los jóvenes con respecto a las políticas de drogas, los Estudiantes por una Política Sensata de Drogas llevarán a cientos de estudiantes a Nueva York para demostrar su oposición a la guerra contra las drogas y a los daños que ha ocasionado en las comunidades mundiales.
A la multitud en Nueva York se unirá la International Families Against the Drug War, una coalición de familiares que han perdido algún ser querido debido a sobredosis, encarcelamiento, violencia u otro daño asociado con la prohibición de las drogas. Las familias se unirán a otras de Canadá, México, Kenya, Afganistán y Filipinas. Participarán en una rueda de prensa en la ONU para decirle a los líderes mundiales, cara a cara, que sus políticas de drogas están dañando a sus hijos y familiares y que están causando más daño que las drogas mismas.

La organización liderando el debate en Estados Unidos, la Drug Policy Alliance, tendrá una reunión exclusiva con aliados y socios internacionales en la Universidad de Columbia durante el fin de semana anterior a la UNGASS para reflexionar sobre el trabajo más importante para abordar una vez que la sesión de la ONU haya concluido.

Individuos prominentes de alto nivel también estarán agregando su voz al debate de la UNGASS. La Comisión Global de Políticas de Drogas, conformada por ex presidentes de Colombia, México, Brasil, Chile, Suiza, Polonia y Portugal, al igual que otras figuras como el ex-Secretario General de la ONU, Kofi Annan, estarán proponiendo a los presidentes del mundo que se rediseñen las políticas de drogas para reflejar una manera más humana y efectiva de tratar con los impactos negativos de la estrategia actual.
No solamente habrá gente movilizándose en las calles antes de la UNGASS también habrá movimiento en las redes. Ciudadanos alredor del mundo empezaron a demandar acciones de sus gobiernos ante la UNGASS a través de una serie de videos recalcando la necesidad urgente para reformar las políticas actuales. Entre ellas, terminar con la pena de muerte e implementar un enfoque basado en la compasión y los derechos humanos.

Las mujeres también se unieron al llamado reformador global. Ellas padecen un aumento en el índice de encarcelamiento alrededor del mundo. Un grupo con más de 50 organizaciones representando cada continente se unió en una Declaración de la Mujer demandando que la ONU considere los daños que las mujeres y sus familias han sufrido debido a las leyes de drogas punitivas y que se trabaje en un cambio promoviendo los derechos humanos de las mujeres.

Apoye. No castigue, es una campaña global que reúne activistas, comunidades afectadas y legisladores bajo un mensaje común: que los daños causados por la guerra contra las drogas no pueden ser ignorados y que es tiempo de adoptar políticas de drogas que protejan la salud y los derechos humanos de los usuarios de drogas. Como parte de Apoye. No Castigue, un grupo de activistas se movilizará en la UNGASS para demandar el fin a la guerra contra las drogas y promover políticas basadas en salud y derechos humanos.

Mas de 1.000 personas y organizaciones respaldaron la Declaración de la Década de Reducción de Daños iniciada por el ex-presidente de Suiza, Ruth Dreifuss. Entre los signatarios de la declaración están la Fundación Kofi Annan, Richard Branson, la Fundación Elton John y ONUSIDA de Asia y el Pacífico. La declaración hace un llamado a los gobiernos para que adopten la reducción de daños como un principio clave de las políticas de drogas a lo largo de la siguiente década y que se redirija el 10 por ciento de los recursos que se gastan actualmente en respuestas punitivas ineficaces a reducción de daños.

Presente, la comunidad latina en línea más grande de Estados Unidos, lanzó una petición pidiendo al presidente Obama que se dirija a la UNGASS y “demande un cambio de dirección de la fallida guerra contra las drogas hacia políticas de drogas con sentido común que prioricen la salud pública, reducción de daños y derechos humanos”.

Con décadas de experiencia coleccionando evidencia sobre los resultados catastróficos de las políticas de drogas, expertos científicos alrededor del mundo están haciendo también un llamado a la ONU y a los gobiernos nacionales para que prioricen las necesidades de las comunidades. En lugar de evaluar el éxito en base al número de decomisos, las políticas de drogas deben ser evaluadas en base a sus impactos sobre la salud, la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos. Una evaluación así mostraría indudablemente que necesitamos un enfoque totalmente distinto, uno basado en evidencia y no en ideología.

En lugar de evaluar el éxito con decomisos, las políticas de drogas deben ser evaluadas por sus impactos en la salud. Los acuerdos internacionales vigentes dicen que la “salud y el bienestar de la humanidad“ son su objetivo principal pero es claro que esto no se puede cumplir si los gobiernos siguen criminalizando, estigmatizando, penalizando y encarcelando a personas que usan drogas.

Debemos usar este momento para demandar políticas basadas en evidencia que puedan lidiar efectivamente con los riesgos asociados al uso y abuso de drogas, al mismo tiempo que se respeten los derechos humanos y la compasión por la ciudadanía en todo el mundo.

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