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La ciencia de los vapos

02-05-2016

Desde una perspectiva científica, se considera que vaporizar cannabis es una de las formas más sanas de consumo de cannabis. La vaporización o volatilización, es un método idóneo para la reducción de riesgos, se estima que un 95% del vapor emitido se encuentra libre de tóxicos y agentes cancerígenos.

A grandes rasgos, un vaporizador es una máquina que calienta lentamente cualquier tipo de hierba aromática seca hasta el punto en que éstas liberan su propio vapor. A simple vista pareciera que se está fumando, pero en realidad no es así. El vaporizador no hace combustión con la cannabis, por lo tanto no se liberan las sustancias contaminantes propias del humo. En el caso de la cannabis, este vapor viene cargado de los principios activos: el THC, CBD o el CBG y terpenoides, entre otros.

El sistema endocannabinoide posee un rol clave en la regulación de funciones que mantienen la homeostasis, es decir los parámetros vitales en equilibrio. Por lo tanto, los estudios y pruebas científicas actuales se enfocan en tratar y mitigar los síntomas de diversas enfermedades o patologías por medio de la activación o inhibición de los receptores de cannabinoides. Por esta razón los vaporizadores son una opción popular entre los usuarios medicinales, en especial en aquellos que no pueden ni quieren fumar, como por ejemplo personas con problemas en el aparato respiratorio o con problemas para deglutir. Además los vaporizadores ofrecen una dosificación fácil de controlar, eliminan el fuerte olor que provoca el humo de la combustión, lo que incluso lo hace amigable en ambientes para no fumadores.
Los usuarios de cannabis buscan sentir en el vapor, la calidad y sabor de la variedad probada. Esto es un gran atractivo, en especial para los usuarios recreativos. A los catadores de cannabis les facilita percibir las trazas características de la genética de la muestra degustada. Aunque no todos los vaporizadores permiten alternar entre materia desecada y aceites, hoy en día también existen opciones para concentrados y extractos.

Dos tipos

A grandes rasgos, existen dos tipos de vaporizadores, de escritorio y portátiles. Los nombres nos ofrecen una pista inmediata con respecto a su uso. Los vaporizadores de escritorio o sobremesa, se llaman así ya que requieren de un tomacorriente y debido a su tamaño no se aconseja transportarlos. En cambio, los vaporizadores portátiles son bastante más discretos al utilizar baterías internas o pilas recargables. Sin embargo poseen un inconveniente. Al momento de utilizarlos se debe tener precaución ya que en algunos modelos se corre el riesgo de sobrecalentar el material vegetal lo que generaría algún grado de combustión. Esto es precisamente lo que se quiere evitar al comprar un vaporizador, porque si combustiona no estaría cumpliendo con el rol para el cual se diseñó.
Además de su portabilidad, los vaporizadores se diferencian según el método que utilizan para calentar la materia vegetal, ya sea por conducción o convección. La conducción significa que la hierba entra en contacto directo con el calefactor, lo que aumenta el riesgo de combustión. En cambio, la convección implica que el material vegetal se calienta por medio de contacto indirecto, en algunos casos gracias a un flujo de aire caliente.

¿Vaporizar o fumar?
La evidencia ha logrado demostrar que ciertos vaporizadores reducen daños a los pulmones de los usuarios, por lo tanto algunos son mejores que otros a la hora de proteger la salud. Los métodos de administración o dosificación del cannabis en el cuerpo humano son un tema de controversia entre los mismos usuarios. Cada paciente es un universo único y los efectos de la cannabis interactúan también en forma distinta según el consumidor.

Si se analiza de cerca la ingestión de cannabis, que podría ser una alternativa a la combustión, se perciben algunas desventajas. El efecto dependerá de cada paciente, su metabolismo y sistema digestivo. Además que demora de una a dos horas en hacer efecto, por lo que es común que se experimenten problemas en la gestión de la dosis, a veces puede ser demasiado, a veces muy poco.
Debido al retraso en su tiempo de acción, no se recomienda su uso en usuarios que requieren de un tratamiento inmediato como pacientes con dolor agudo o convulsiones. Tampoco en pacientes con náuseas intensas. La ingestión difiere con la acción farmacológica del cannabis inhalado ya que en el consumo oral, el THC no pasa en forma directa al torrente sanguíneo, sino que es procesado por el hígado en donde se transforma en 11-hidroxithc.

El estado de Nueva York que aprobó el consumo de cannabis medicinal permite vaporizar, pero prohíbe fumar. El Dr. Malouff, de la Universidad de New England en Australia, ha declarado que esta perspectiva es bastante lógica. Según su opinión, no se puede recetar medicina por medio de un método que causa daños a la salud. Este sería un intento por proteger la salud pública, que es a lo que finalmente apuntan las legislaciones antidrogas. Al contrario del tabaco, el vapor de cannabis no contiene nicotina lo que lo hace más sano aunque tampoco es un sistema infalible.

Algunos usuarios no comprenden los beneficios de vaporizar e insisten en que no hay nada mejor que fumar. Quizás el efecto del subidón entre la combustión y la vaporización puede ser diferente, pero está comprobado que la combustión posee efectos adversos como la producción de alquitrán, tóxicos cancerígenos y el riesgo de inhalar hollín debido a la ausencia de filtros. Si se habla de reducir riesgos, no se recomienda fumar la cannabis ni tampoco mezclarla con tabaco. La evidencia sugiere que debido a la presencia del tabaco, se genera una mejor combustión lo que impide que el cigarrillo de cannabis se apague, logrando así el aumento de temperatura y por ende la liberación de THC. El problema es que así como aumenta la proporción o ratio de THC, lo hace también la inhalación de subproductos tóxicos. Al decidir consumirla por si sola, no sólo se reducen los daños a la salud asociados al tabaquismo, sino que además de disminuyen las probabilidades de convertirse en un fumador regular de tabaco.

¿Flores o extractos?
Otra controversia dentro del mundo de la vaporización se da con respecto a los extractos o concentrados. Mientras no existan regulaciones sanitarias que confirmen que dichos compuestos se encuentran libres de partículas de solventes, seguirá siendo más seguro consumir cogollos secos de cannabis que extractos.

En Estados Unidos, el estado con mayor seguridad con respecto a este tema es Colorado, el cual exige un máximo de concentración de solvente de 500 partículas por millón por muestra de BHO. Entre los solventes que se emplean para fabricarlo, se ha utilizado butano, etanol, éter o alcohol isopropílico. En el caso de utilizar butano se han hallado compuestos tóxicos como el benceno, metilbutano, neopentano y hexano. Lo anterior aumentaría el riesgo de granulomas o nódulos en los tejidos.
Hasta el momento, a los usuarios no les ha quedado más que confiar en la palabra de quienes fabrican estos productos y esperar que se hayan depurado en forma eficiente. Algunos comerciantes incluso han añadido saborizantes artificiales para comercializar sus productos en una manera más atractiva, pero también para ocultar rastros de químicos. Sin embargo, la palabra de honor del fabricante no es una póliza de garantía en aquellos pacientes cuyas vidas dependen de esta medicina.

¿Cuál es la temperatura correcta?
El control de temperatura es fundamental a la hora de vaporizar. Los cannabinoides se “activan” a distintos grados de temperatura y se requiere de altas temperaturas para lograr la decarboxilación, la cual convierte el ácido tetrahidrocannabinoide (THCA) en THC. Así es como por ejemplo, si un usuario requiere consumir THC, deberá ajustar el vaporizador a la temperatura en que este principio activo se volatiliza.

La temperatura adecuada no deja de ser tema de controversia. A menor temperatura, mejor será el sabor pero se obtendrán menos cannabinoides presentes en el vapor.
Un estudio de factibilidad realizado por NORML (National Organization for the Reform of Marijuana Laws) y MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) demuestra que un vaporizador eléctrico puede liberar THC en forma exitosa, a los 185º C eliminando así la formación de benceno, tolueno y naftaleno. Por lo tanto se estima que una vaporización eficiente se mueve en un intervalo entre los 180 a 195º C. A partir de los 200 comienzan a aparecer elementos no deseados, como pequeñas cantidades de benceno en la muestra. Hasta los 210 se evaporan con seguridad los principios activos sin riesgo de quemarla. A los 220 el vapor toma una consistencia más densa y su gusto es aún delicioso, pero cuidado porque a los 230 grados comienza a producirse la combustión.

En los usuarios regulares de cannabis que recién comienzan a interiorizarse en el mundo de la vaporización, el “subidón” se siente diferente a fumar, lo que desmotiva a algunos. En este caso, la recomendación vendría a ser muy diferente a la que utilizaría un paciente medicinal.

Para los fumetas “peso pesado” se sugiere comenzar al revés. Establecer la temperatura entre 210 o incluso 230, así existen ciertos elementos de combustión que harán que el cambio no sea tan extremo para ellos. Si se sobrecalienta la muestra, la materia vegetal tomará un color café tostado, su sabor será más amargo, además de incluso encontrar restos de ceniza. Un dato útil es oler la muestra, si se siente aroma a “popcorn quemado” ya es hora de desecharla. Una sugerencia para evitarlo es dar caladas cortas como si fuese una taza de café caliente, pero en forma constante para no detener el flujo de aire. Si se aspira demasiado rápido o con mucha fuerza, aumentan los riesgos de combustión.

En las caladas grandes ingresan más cannabinoides en el cuerpo, pero también se corre el riesgo de inhalar mayor cantidad de subproductos tóxicos.

La ciencia se pronuncia

Según Gieringer en su estudio del 2001, “Cannabis Vaporization: a promising strategy for Smoke Harm Reduction”, entre las estrategias que se utilizan para disminuir los daños y riesgos se incluyen el uso de cannabis de mayor potencia y el uso de dispositivos que eliminen las toxinas del humo. La evidencia muestra que aunque la idea general sea que las variedades con menor cantidad de THC serían más seguras, poseen el inconveniente de que para lograr el mismo efecto se debe consumir más cantidad. Exponiendo así al sistema respiratorio a más daños. Esto no quiere decir que todos deberían consumir cannabis de “alta potencia” sino que al utilizar menos cantidad, se reducen los riesgos y daños asociados a una mayor inhalación de partículas de alquitrán. A mayor cantidad de tricomas, mayor vapor producido.

Los usuarios que vaporizan afirman sentir menos irritación de las vías respiratorias, además de experimentar la ausencia de olor en sus ropas y cuerpos. Según el estudio de 2010 por Earleywine y Barnwell: “Decreased respiratory symptoms in Cannabis Users who vaporize”, los usuarios que han decidido dejar de fumar y se han vaporizado por un mes, manifiestan la reducción de algunos síntomas o malestares pulmonares, tales como irritación respiratoria, asma, sensación de opresión en el pecho y tos con flema. Además, computaron una mejora en la capacidad pulmonar.
Estudios recientes, como el publicado en enero de este año por Lanz, Mattson y Brenneisen, compararon la eficacia de cinco vaporizadores distintos en el mercado. Por lo general, un consumidor se fijaría en si el vapo en cuestión posee controlador de temperatura o si cuenta con la portabilidad suficiente como para llevarlo consigo.

Pero los científicos saben que no basta con examinar este tipo de variables. En la actualidad, las preguntas importantes se basan en la efectividad del diseño de los dispositivos, las condiciones de consumo (tamaño y tiempo de la calada, temperatura, etc) y la proporción o ratio entre alquitrán/cannabinoides entregados por el vapor. Es decir, si el rendimiento varía al utilizar diferentes muestras o variedades de cannabis, además de condiciones de consumo como el tamaño, tiempo y temperatura de la calada.

En definitiva, un usuario responsable debe conocer cómo lo afecta la sustancia que utilizará. Debe conocer el efecto de la droga, su dosis adecuada, el tiempo en que se demora en hacer efecto, el tiempo que transcurre en alcanzar su peak y finalmente cuánto será la duración total de su experiencia. Hoy en día la tecnología ofrece vaporizadores eléctricos, otros con batería integrada o pilas recargables, con gas butano, entrada de USB, mando a distancia, con diferentes filtros, incluso hasta aplicaciones que permiten controlar la temperatura del vaporizador desde nuestros teléfonos.

La tecnología está al alcance de nuestras manos, pero depende de nosotros tomar la decisión más acorde a nuestro organismo y que permita prolongar nuestra salud.

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