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Somos lo que comemos y serán lo que comemos

11-05-2016

Los avances en la epigenética confirman lo que ya sabíamos por observación directa; La alimentación y el entorno influyen en la manifestación de los genes.

La palabra epigenética proviene del griego epi, en o sobre, y -genética. Conrad Hal Waddington usó en 1942 este término por primera vez. La epigenética hace referencia al estudio de los factores que interactuan con los genes para modificar la expresión de estos ( fenotipo). Estos factores genéticos que son determinados por el ambiente celular en lugar de por la herencia, intervienen en el desarrollo de un organismo, desde la fecundación del cigoto en la reproducción sexual hasta su senescencia, pasando por la forma adulta, e igualmente intervienen en la regulación heredable de la expresión génica, sin cambio en la secuencia de nucleótidos.

Se puede decir que la epigenética es el conjunto de reacciones químicas y demás procesos que modifican la actividad del ADN, pero sin alterar su secuencia. Considerar las marcas epigenéticas como factores no genéticos nos alejaría de la verdadera visión de la disciplina científica. Las marcas epigenéticas no son genes, pero la genética moderna nos enseña que no sólo los genes influyen en la genética de los organismos.

Tras la finalización del Proyecto Genoma Humano en el 2003, la idea que se tenía de que los seres humanos y los demás organismos son sólo fundamentalmente lo que está escrito en nuestros genes desde su concepción, está cambiando a pasos agigantados. La ciencia avanza para lograr descifrar el lenguaje que codifica pequeñas modificaciones químicas capaces de regular la expresión de multitud de genes. Esa frase tan típica de “somos lo que comemos” adquiere un gran significado. El ambiente y la alimentación interactúan entre otros factores con los genes para variar la expresión final del individuo.

La epigenética reinterpreta conceptos conocidos, desvela nuevos mecanismos mediante los cuales la información contenida en el ADN de cada individuo es traducida. Concepto a concepto, se está descifrando un nuevo lenguaje del genoma e introduciendo la noción de que nuestras propias experiencias pueden marcar nuestro material genético de una forma hasta ahora desconocida, y que estas marcas pueden ser transmitidas a generaciones futuras. En resumen; no sólo somos lo que comemos, sino que “serán lo que comemos”. No sólo es importante el gen, sino el ambiente en el que se desarrolla y se reproduce. La epigenética demuestra la interacción de alimentación, ambiente, condiciones y estrés en el resultado de la expresión genética final.

Ejemplos en el cultivo de cannabis

Estos avances de la epigenética sólo reafirman lo que ya conocíamos. Siempre se ha dicho que si no le das buenas condiciones a una madre, se degenera la genética y se acaba estropeando, de pronto la genética “ya no es la misma”. También es un caso típico cuando dos personas cultivan esqueje de la misma madre y les sale la cosecha completamente diferente, como si fueran dos variedades distintas. Incluso una persona que haya estado varios años con la misma madre, sabe que en función de distintos factores cambia el resultado y las cosechas no son iguales. Otro ejemplo clásico es cuando, con el mismo esqueje, unos cultivadores sacan flores hermafroditas y otros no.

Ejemplos en la crianza del cannabis

Que somos lo que comemos ya se sabía desde hace mucho. La novedad ahora es qué serán lo que comemos, es decir, que la alimentación a la hora de reproducirse repercutirá en el resultado final. Según cómo se alimente a la planta polinizada, saldrá una calidad de semilla u otra. El mismo cruce, hecho por unos o por otros, dará como resultado diferentes calidades de semilla, aunque utilicen los mismos parentales las semillas no saldrán exactamente iguales. También sabemos que cuando las plantas preñadas no reciben la alimentación y entorno adecuados aparecen más semillas blancas, con malformaciones e inmaduras, así como menores porcentajes de germinación. La alimentación cambia la manifestación del gen e influye mucho en la calidad final de la semilla. Ahí ya podríamos entrar en el debate de si les viene mejor una alimentación mineral para que no les falte de nada, o por el contrario una alimentación de base orgánica para fomentar la vida del suelo.

La misma epigenética explica el mecanismo de creación de las semillas feminizadas, ya que sólo con aplicar tiosulfato de plata cambia la manifestación del sexo en una planta, pasando de hembra a macho generador de polen, aunque sigue conservando el ADN de una planta hembra, por lo que al polinizar a otra hembra saldrán semillas feminizadas.

Cuando trabajas con una landrace en su país, no evolucionas igual que si la cultivas aquí, es el proceso que se denomina aclimatación. Si quieres seleccionar algo para cultivarlo aquí, tienes que hacerlo en las condiciones de aquí, al cambiarles el entorno y alimentación, se transforman y presentan características diferentes que puedes aislar y seleccionar.

Conclusiones

Cuestiones como alimentación insuficiente o excesiva, plagas, temperaturas descontroladas o régimen lumínico incorrecto pueden influenciar mucho en la expresión de una genética. La epigénetica muestra la importancia de una alimentación y entornos correctos para que una genética alcance su máximo potencial. Además, también demuestra que los bancos detallistas, donde cuidan al máximo la alimentación de las semillas, consiguen semillas de mejor calidad. Esto explica y comprueba muchas cuestiones que los cultivadores y criadores ya sabían por experiencia propia.

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